LEE ESTO

LEE ESTO

Nuevo Sistema!

  • PARA DESCARGAR ARCHIVOS LES DEJO EL USUARIO Y CONTRASEÑA
  • LES PIDO PORFAVOR QUE NO MODIFIQUEN NADA! DEL FTP, POR EL BIEN MIO Y DE USTEDES
  • viernes, 10 de octubre de 2008

    Los Cuatro Acuerdos



    Este libro se trata de sabiduria de como se puede mejorar la vida.

    Aqui les dejo un acuerdo. Leeanlo y analisenlo


    EL PRIMER ACUERDO


    ¨¨Sé impecable con tus palabras¨¨


    El Primer Acuerdo es el más importante y también el más difícil
    de cumplir. Es tan importante que sólo con él ya serás capaz de
    alcanzar el nivel de existencia que yo denomino “el cielo en la
    tierra”.
    El Primer Acuerdo consiste en ser impecable con tus palabras.
    Parece muy simple, pero es sumamente poderoso.
    ¿Por qué tus palabras? Porque constituyen el poder que tienes
    para crear. Son un don que proviene directamente de Dios. En
    la Biblia, el Evangelio de San Juan empieza diciendo: “En el
    principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo
    era Dios”. Mediante las palabras expresas tu poder creativo, lo
    revelas todo. Independientemente de la lengua que hables, tu
    intención se pone de manifiesto a través de las palabras. Lo que
    sueñas, lo que sientes y lo que realmente eres, lo muestras por
    medio de las palabras.
    No son sólo sonidos o símbolos escritos. Son una fuerza;
    constituyen el poder que tienes para expresar y comunicar, para
    pensar y, en consecuencia, para crear los acontecimientos de tu
    vida. Puedes hablar. ¿Qué otro animal del planeta puede
    hacerlo? Las palabras son la herramienta más poderosa que
    tienes como ser humano, el instrumento de la magia. Pero son
    como una espada de doble filo: pueden crear el sueño más
    bello o destruir todo lo que te rodea. Uno de los filos es el uso
    erróneo de las palabras, que crea un infierno en vida. El otro es
    la impecabilidad de las palabras, que sólo engendrará belleza,
    amor y el cielo en la tierra. Según cómo las utilices, las palabras
    te liberarán o te esclavizarán aún más de lo que imaginas. Toda
    la magia que posees se basa en tus palabras. Son pura magia,
    y si las utilizas mal, se convierten en magia negra.
    Esta magia es tan poderosa, que una sola palabra puede
    cambiar una vida o destruir a millones de personas. Hace años,
    en Alemania, mediante el uso de las palabras, un hombre
    manipuló a un país entero de gente muy inteligente. Los llevó a
    una guerra mundial sólo con el poder de sus palabras.
    Convenció a otros para que cometieran los más atroces actos
    de violencia. Activó el miedo de la gente, y de pronto, como una
    gran explosión, empezaron las matanzas y el mundo estalló en
    guerra. En todo el planeta los seres humanos han destruido a
    otros seres humanos porque tenían miedo. Las palabras de
    Hitler, que se basaban en creencias y acuerdos generados por
    el miedo, serán recordadas durante siglos.
    La mente humana es como un campo fértil en el que continuamente
    se están plantando semillas. Las semillas son opiniones,
    ideas y conceptos. Tú plantas una semilla, un pensamiento, y
    éste crece. Las palabras son como semillas, ¡y la mente
    humana es muy fértil! El único problema es que, con demasiada
    frecuencia, es fértil para las semillas del miedo. Todas las
    mentes humanas son fértiles, pero sólo para la clase de semilla
    para la que están preparadas. Lo importante es descubrir para
    qué clase de semillas es fértil nuestra mente, y prepararla para
    recibir las semillas del amor.
    Fíjate en el ejemplo de Hitler: Sembró todas aquellas semillas
    de miedo, que crecieron muy fuertes y consiguieron una
    extraordinaria destrucción masiva. Teniendo en cuenta el
    pavoroso poder de las palabras, debemos comprender cuál es
    el poder que emana de nuestra boca. Si plantamos un miedo o
    una duda en nuestra mente, creará una serie interminable de
    acontecimientos. Una palabra es como un hechizo, y los
    humanos utilizamos las palabras como magos de magia negra,
    hechizándonos los unos a los otros imprudentemente.
    Todo ser humano es un mago, y por medio de las palabras,
    puede hechizar a alguien o liberarlo de un hechizo. Continuamente
    estamos lanzando hechizos con nuestras opiniones. Por
    ejemplo, me encuentro con un amigo y le doy una opinión que
    se me acaba de ocurrir. Le digo: “¡Mmmm! Veo en tu cara el
    color de los que acaban teniendo cáncer”. Si escucha esas
    palabras y está de acuerdo, desarrollará un cáncer en menos de
    un año. Ese es el poder de las palabras.
    Durante nuestra domesticación, nuestros padres y hermanos
    expresaban sus opiniones sobre nosotros sin pensar. Nosotros
    nos creíamos lo que nos decían y vivíamos con el miedo que
    nos provocaban sus opiniones, como la de que no servíamos
    para nadar, para los deportes o para escribir. Alguien da una
    opinión y dice: “¡Mira qué niña tan fea!”. La niña lo oye, se cree
    que es fea y crece con esa idea en la cabeza. No importa lo
    guapa que sea; mientras mantenga ese acuerdo, creerá que es
    fea. Estará bajo ese hechizo.
    Las palabras captan nuestra atención, entran en nuestra mente
    y cambian por entero, para bien o para mal, nuestras creencias.
    Otro ejemplo: Quizás pienses que eres estúpido, y tal vez lo
    hayas creído desde siempre. Este acuerdo es muy difícil de
    romper, y es posible que te lleve a realizar muchas cosas con el
    único fin de convencerte de que realmente eres estúpido.
    Puede que hagas algo y te digas a ti mismo: “Me gustaría ser
    inteligente, pero debo de ser estúpido, porque si no lo fuera, no
    habría hecho esto”. La mente se mueve en cientos de
    direcciones diferentes y podríamos pasarnos días enteros
    atrapados únicamente por la creencia en nuestra propia
    estupidez.
    Pero un día alguien capta tu atención y con palabras te hace
    saber que no eres estúpido. Crees lo que esa persona dice y
    llegas a un nuevo acuerdo. Y el resultado es que dejas de
    sentirte o de actuar como un estúpido. Se ha roto todo el
    hechizo sólo con la fuerza de las palabras. Y a la inversa, si
    crees que eres estúpido y alguien capta tu atención y te dice:
    “Sí, realmente eres la persona más estúpida que jamás he
    conocido”, el acuerdo se verá reforzado y se volverá todavía
    mas firme.
    ------
    Veamos ahora lo que significa la palabra “impecabilidad”.
    Significa “sin pecado”. “Impecable” proviene del latín pecatus,
    que quiere decir “pecado”. El im significa “sin”, de modo que
    “impecable” quiere decir “sin pecado”. Las religiones hablan del
    pecado y de los pecadores, pero entendamos qué significa
    realmente pecar. Un pecado es cualquier cosa que haces y que
    va contra ti. Todo lo que sientas, creas o digas que vaya contra
    ti es un pecado. Vas contra ti cuando te juzgas y te culpas por
    cualquier cosa. No pecar es hacer exactamente lo contrario. Ser
    impecable es no ir contra ti mismo. Cuando eres impecable,
    asumes la responsabilidad de tus actos, pero sin Juzgarte ni
    culparte.
    Desde este punto de vista, todo el concepto de pecado deja de
    ser algo moral o religioso para convertirse en una cuestión de
    puro sentido común. El pecado empieza con el rechazo de uno
    mismo. El mayor pecado que cometes es rechazarte a ti mismo.
    En términos religiosos, el autorrechazo es un “pecado mortal”,
    es decir que te conduce a la muerte. En cambio, la
    impecabilidad te conduce a la vida.
    Ser impecable con tus palabras es no utilizarlas contra ti mismo.
    Si te veo en la calle y te llamo estúpido, puede parecer que
    utilizo esa palabra contra ti, pero en realidad la utilizo contra mí
    mismo, porque tú me odiarás por ello y tu odio no será bueno
    para mí. Por lo tanto, si me enfurezco y con mis palabras te
    envío todo mi veneno emocional, las estoy utilizando en mi
    contra.
    Si me amo a mí mismo, expresaré ese amor en mis relaciones
    contigo y seré impecable con mis palabras, porque la acción
    provoca una reacción semejante. Si te amo, tú me amarás. Si te
    insulto, me insultarás. Si siento gratitud por ti, tu la sentirás por
    mí. Si soy egoísta contigo, tú lo serás conmigo. Si utilizo mis
    palabras para hechizarte, tú emplearás las tuyas para
    hechizarme a mí.
    Ser impecable con tus palabras significa utilizar tu energía
    correctamente, en la dirección de la verdad y del amor por ti
    mismo. Si llegas a un acuerdo contigo para ser impecable con
    tus palabras, eso bastará para que la verdad se manifieste a
    través de ti y limpie todo el veneno emocional que hay en tu
    interior. Pero llegar a este acuerdo es difícil, porque hemos
    aprendido a hacer precisamente todo lo contrario. Hemos
    aprendido a hacer de la mentira un hábito al comunicarnos con
    los demás, y aún más importante, al hablar con nosotros
    mismos. No somos impecables con nuestras palabras.
    En el infierno, el poder de las palabras se emplea de un modo
    totalmente erróneo. Las usamos para maldecir, para culpar,
    para reprochar, para destruir. También las utilizamos
    correctamente, por supuesto, pero no lo hacemos muy a
    menudo. Por lo general, empleamos las palabras para propagar
    nuestro veneno personal: para expresar rabia, celos, envidia y
    odio. Las palabras son pura magia -el don más poderoso que
    tenemos como seres humanos- y las utilizamos contra nosotros
    mismos. Planeamos vengarnos y creamos caos con las
    palabras. Las usamos para fomentar el odio entre las distintas
    razas, entre diferentes personas, entre las familias, entre las
    naciones... Hacemos un mal uso de las palabras con gran
    frecuencia, y así es como creamos y perpetuamos el sueño del
    infierno. Con el uso erróneo de las palabras, nos perjudicamos
    los unos a los otros y nos mantenemos mutuamente en un
    estado de miedo y duda. Dado que las palabras son la magia
    que poseemos los seres humanos y su uso equivocado es
    magia negra, utilizamos la magia negra constantemente sin
    tener la menor idea de ello.
    Por ejemplo, había una vez una mujer inteligente y de gran
    corazón. Esta mujer tenla una hija a la que adoraba. Una noche
    llegó a casa después de un duro día de trabajo, muy cansada,
    tensa y con un terrible dolor de cabeza. Quería paz y
    tranquilidad, pero su hija saltaba y cantaba alegremente. No era
    consciente de cómo se sentía su madre; estaba en su propio
    mundo, en su propio sueño. Se sentía de maravilla y saltaba y
    cantaba cada vez más fuerte, expresando su alegría y su amor.
    Cantaba tan fuerte que el dolor de cabeza de su madre aún
    empeoró más, hasta que, en un momento determinado, la
    madre perdió el control. Miró muy enfadada a su preciosa hija y
    le dijo: “¡Cállate! Tienes una voz horrible. ¿Es que no puedes
    estar callada”?.
    Lo cierto es que, en ese momento, la tolerancia de la madre
    frente a cualquier ruido era inexistente; no era que la voz de su
    hija fuera horrible. Pero la hija creyó lo que le dijo su madre y
    llegó a un acuerdo con ella misma. Después de esto ya no
    cantó más, porque creía que su voz era horrible y que
    molestaría a cualquier persona que la oyera. En la escuela se
    volvió tímida, y si le pedían que cantase, se negaba a hacerlo.
    Incluso hablar con los demás se convirtió en algo difícil. Eñe
    nuevo acuerdo hizo que todo cambiase para esa niña: creyó
    que debía reprimir sus emociones para que la aceptasen y la
    amasen.
    Siempre que escuchamos una opinión y la creemos, llegamos a
    un acuerdo que pasa a formar parte de nuestro sistema de
    creencias. La niña creció, y aunque tenía una bonita voz, nunca
    volvió a cantar. Desarrolló un gran complejo a causa de un
    hechizo, un hechizo lanzado por la persona que más la quería:
    su propia madre, que no se dio cuenta de lo que había hecho
    con sus palabras. No se dio cuenta de que había utilizado
    magia negra y había hechizado a su hija. Desconocía el poder
    de sus palabras, y por consiguiente no se la puede culpar. Hizo
    lo que su propia madre, su padre y otras personas habían
    hecho con ella de muchas maneras diferentes: utilizar mal sus
    palabras.
    ¿Cuántas veces hacemos lo mismo con nuestros propios hijos?
    Les lanzamos opiniones de este tipo y ellos cargan con esa
    magia negra durante años y años. Las personas que nos
    quieren emplean magia negra con nosotros, pero no saben lo
    que hacen. Por ello debemos perdonarlos, porque no saben lo
    que hacen.
    Otro ejemplo: Te despiertas por la mañana sintiéndote muy
    contenta. Te sientes tan bien, que te pasas dos horas delante
    del espejo arreglándote. Entonces, una de tus mejores amigas
    te dice: “¿Qué te ha pasado? Estás horrorosa. Mira tu vestido;
    haces el ridículo”. Ya está; con eso es suficiente para enviarte a
    lo más profundo del infierno. Quizás esa amiga te hizo este
    comentario sólo para herirte, y lo consiguió. Te dio una opinión
    que llevaba tras ella todo el poder de sus palabras. Si aceptas
    esa opinión, se convierte en un acuerdo, y entonces tú misma
    pones todo tu poder en esa opinión, que se convierte en magia
    negra.
    Los hechizos de este tipo son difíciles de romper. La única
    manera de deshacer un hechizo es llegar a un nuevo acuerdo
    que se base en la verdad. La verdad es el aspecto más
    importante del hecho de ser impecable con tus palabras. La
    espada tiene dos filos: en uno están las mentiras que crean la
    magia negra, y en el otro, está la verdad que tiene el poder de
    deshacer los hechizos. Sólo la verdad nos hará libres.
    ------
    Considera las relaciones humanas diarias, e imagínate cuántas
    veces nos lanzamos hechizos los unos a los otros con nuestras
    palabras. Con el tiempo, esto se ha convertido en la peor forma
    de magia negra: son los chismes.
    Los chismes son magia negra de la peor clase, porque son puro
    veneno. Aprendimos a contar chismes por acuerdo. De niños,
    escuchábamos a los adultos que nos rodeaban chismorrear sin
    parar y expresar abiertamente su opinión sobre otras personas.
    Incluso opinaban sobre gente a la que no conocían. Mediante
    esas opiniones, transferían su veneno emocional, y nosotros
    aprendimos que esta era la manera normal de comunicarse.
    Contar chismes se ha convertido en la principal forma de
    comunicación en la sociedad humana. Es la manera que
    utilizamos para sentirnos cerca de otras personas, porque ver
    que alguien se siente tan mal como nosotros, nos hace sentir
    mejor.
    Hay una vieja expresión que dice: “A la miseria le gusta estar
    acompañada”, y la gente que sufre en el infierno no quiere estar
    sola. El miedo y el sufrimiento son un aspecto importante del
    sueño del planeta; son la razón de que ese sueño nos continúe
    reprimiendo.
    Si hacemos una analogía y comparamos la mente humana con
    un ordenador, el chismorreo es comparable a un virus
    informático, que no es más que un programa escrito en el
    mismo lenguaje que los demás, pero con una intención dañina.
    Se introduce en el ordenador cuando menos te lo esperas, y en
    la mayoría de los casos, sin que ni siquiera te des cuenta. Una
    vez se ha introducido en él, tu ordenador no va demasiado bien
    o no funciona en absoluto, porque todo se lía y hay tal cantidad
    de mensajes contradictorios que resulta imposible obtener
    resultados satisfactorios.
    El chismorreo entre los seres humanos funciona de la misma
    manera. Por ejemplo, empiezas un curso con un nuevo
    profesor; es algo que esperabas desde hace mucho tiempo. El
    primer día te encuentras con alguien que anteriormente asistió a
    ese curso y te dice: “¡Ese profesor es un pedante y un pelmazo!
    No tiene ni idea, y además, es un pervertido, de modo que ve
    con cuidado”.
    Las palabras de esa persona y las emociones que te transmitió
    cuando te hizo este comentario se te quedan inmediatamente
    grabadas; sin embargo, no eres consciente de qué motivos
    tenía para hacértelo. Quizás estaba enfadada por haber
    suspendido, o simplemente hacía suposiciones fundamentadas
    en el miedo y los prejuicios. Pero dado que has aprendido a
    ingerir información como un niño, parte de ti cree el chisme. Y
    en la clase, mientras el profesor habla, sientes que el veneno
    aparece en tu interior y te resulta imposible comprender que lo
    ves a través de los ojos de la persona que te fue con el chisme.
    Entonces, empiezas a hablar de ello con los otros integrantes
    del curso, hasta que acaban por ver al profesor del mismo
    modo: como un pelmazo y un pervertido. Realmente no
    soportas estar ahí, y pronto decides dejar de ir. Culpas al
    profesor, pero el culpable es el chisme.
    Un pequeño virus informático es capaz de generar un lío de
    este tipo. Una mínima información errónea puede estropear la
    comunicación entre las personas e infectar a todos aquellos que
    toca, que a su vez contagian a más gente. Imagínate que
    cuando otras personas te cuentan chismes, introducen virus
    informáticos en tu mente que hacen que pienses cada vez con
    menor claridad. Después imagina que, en un esfuerzo por
    aclarar tu propia confusión y para aliviarte del veneno, tú
    también chismorreas y contagias estos virus a otras personas.
    Ahora, imagínate que esta pauta prosigue en una cadena
    interminable entre todos los seres humanos de la Tierra. El
    resultado es un mundo lleno de personas que sólo pueden
    obtener información a través de circuitos que están obstruidos
    por un virus venenoso y contagioso. Una vez más, este virus es
    lo que los toltecas denominaron mitote el caos de miles de
    voces distintas que intentan hablar al mismo tiempo en la
    mente.
    Aún peores son los magos negros o “piratas informáticos”, que
    extienden el virus intencionadamente. Recuerda alguna ocasión
    en la que tú mismo (o alguien que conozcas) estabas furioso
    con otra persona y deseabas vengarte de ella. Para hacerlo, le
    dijiste algo con la intención de esparcir el veneno y conseguir
    que se sintiera mal consigo misma. De niños actuamos de este
    modo casi sin darnos cuenta, pero a medida que vamos
    creciendo, nuestros esfuerzos por desprestigiar a la gente son
    mucho más calculados. Entonces, nos mentimos a nosotros
    mismos y nos decimos que la persona en cuestión recibió un
    justo castigo por su maldad.
    Cuando contemplamos el mundo a través de un virus
    informático, resulta fácil justificar incluso el comportamiento más
    cruel. No somos conscientes de que el mal uso de nuestras
    palabras nos hace caer más profundamente en el infierno.
    ------
    Durante años, las palabras de los demás nos han transmitido
    chismes y nos han lanzado hechizos, pero lo mismo ha hecho la
    manera en que utilizamos las palabras con nosotros mismos.
    Nos hablamos constantemente, y la mayor parte del tiempo
    decimos cosas como: “Estoy gordo. Soy feo. Me hago viejo. Me
    estoy quedando calvo. Soy estúpido, nunca entiendo nada.
    Nunca seré lo suficientemente bueno. Nunca seré perfecto”.
    ¿Ves de qué modo utilizamos las palabras contra nosotros
    mismos? Es necesario que empecemos a comprender lo que
    son las palabras y lo que hacen. Si entiendes el Primer Acuerdo
    (Sé impecable con tus palabras), verás cuántos cambios
    ocurren en tu vida. En primer lugar, cambios en tu manera de
    tratarte y en tu forma de tratar a otras personas, especialmente
    aquellas a las que más quieres.
    Piensa en las innumerables veces que has explicado chismes
    sobre el ser que más amas para conseguir que otras personas
    apoyasen tu punto de vista. ¿Cuántas veces has captado la
    atención de otras personas y has esparcido veneno sobre un
    ser amado para hacer que tu opinión pareciese correcta? Tu
    opinión no es más que tu punto de vista, y no tiene por qué ser
    necesariamente verdad. Tu opinión proviene de tus creencias,
    de tu ego y de tu propio sueño. Creamos todo ese veneno y lo
    esparcimos entre otras personas sólo para sentir que nuestro
    punto de vista es correcto.
    Si adoptamos el Primer Acuerdo y somos impecables con
    nuestras palabras, cualquier veneno emocional acabará por
    desaparecer de nuestra mente y dejaremos de transmitirlo en
    nuestras relaciones personales, incluso con nuestro perro 0
    nuestro gato.
    La impecabilidad de tus palabras también te proporcionará
    inmunidad frente a cualquier persona que te lance un hechizo.
    Solamente recibirás una idea negativa si tu mente es un campo
    fértil para ella.
    Cuando eres impecable con tus palabras, tu mente deja de ser
    un campo fértil para las palabras que surgen de la magia negra,
    pero sí lo es para las que surgen del amor. Puedes medir la
    impecabilidad de tus palabras a partir de tu nivel de autoestima.
    La cantidad de amor que sientes por ti es directamente
    proporcional a la calidad e integridad de tus palabras. Cuando
    eres impecable con tus palabras, te sientes bien, eres feliz y
    estás en paz.
    Puedes trascender el sueño del infierno sólo con llegar al
    acuerdo de ser impecable con tus palabras. Ahora mismo estoy
    plantando una semilla en tu mente. Que crezca o no, dependerá
    de lo fértil que sea tu mente para recibir las semillas del amor.
    Tú decides si llegas o no a establecer este acuerdo contigo
    mismo: Soy impecable con mis palabras. Nutre esta semilla, y a
    medida que crezca en tu mente, generará más semillas de amor
    que reemplazarán a las del miedo.
    El Primer Acuerdo cambiará el tipo de semillas para las que tu
    mente resulta fértil.
    Sé impecable con tus palabras. Este es el primer acuerdo al que
    debes llegar si quieres ser libre, ser feliz y trascender el nivel de
    existencia del infierno. Es muy poderoso. Utiliza tus palabras
    apropiadamente. Empléalas para compartir tu amor. Usa la
    magia blanca empezando por ti. Dite a ti mismo que eres una
    persona maravillosa, fantástica. Dite cuánto te amas. Utiliza las
    palabras para romper todos esos pequeños acuerdos que te
    hacen sufrir.
    Es posible. Lo es porque yo mismo lo hice y no soy mejor que
    tú. Somos exactamente iguales. Tenemos el mismo tipo de
    cerebro, el mismo tipo de cuerpo; somos seres humanos. Si yo
    fui capaz de romper esos acuerdos y crear otros nuevos,
    también tú puedes hacerlo. Si yo soy impecable con mis
    palabras, ¿por qué no tú? Este acuerdo, por sí solo, es capaz
    de cambiar toda tu vida. La impecabilidad de tus palabras te
    llevará a la libertad personal, al éxito y a la abundancia; hará
    que el miedo desaparezca y lo transformará en amor y alegría.
    Imagínate lo que es posible crear sólo con la impecabilidad de
    las palabras. Trascenderás el sueño del miedo y llevarás una
    vida diferente. Podrás vivir en el cielo en medio de miles de
    personas que viven en el infierno, porque serás inmune a él.
    Alcanzarás el reino de los cielos con este acuerdo: Sé
    impecable con tus palabras.



    ¿Te Gusto? - Descarga el libro completo


    Formato: .pdf

    Contiene: 80 Paginas

    Tamaño: 271 Kb.






    Descargar Adobe Reader 9


    Este programa sirve para abrir los archivos .pdf. Si no tienes el programa ¡DESCARGALO YA!

    Tamaño: 25 Mb.

    0 comentarios: